Los corrales de
pesquería son unas antiquísimas construcciones artesanas de pesca distribuidas
a lo largo del litoral de Chipiona. Una curiosa supervivencia del arte de la
pesca de otros tiempos, que sigue utilizándose todavía en nuestras costas.
Son recintos
artificiales que se extienden por el litoral, cercados por una especie de
muros construidos a base de piedras
porosas del mar llamadas piedra ostionera, perfectamente encajadas unas con
otras, en las que las algas marinas y un conglomerado de moluscos, valvas de
ostras, ostiones, cascajos, lapas,
escaramujos y otras especies que crecen sobre las piedras, actúan como
argamasa, uniendo las piedras entre sí, dándole solidez y formando una pared o
muro de metro y medio de anchura aproximadamente que va ascendiendo en altura
desde unos 0,50 metros en la orilla a 1,50 metros en la parte más adentrada.
Forma una figura semejante a un semicírculo desde la orilla hacia el interior
del mar para volver de nuevo a la orilla, que como su nombre indica, acorrala a
los peces en su interior. Su superficie suele ser de unos 30 o 40 mil metros
cuadrados y hace las veces de escollera en la costa.
Suelen
estar construidos sobre lajas o plataformas de rocas planas, que en
muchos casos suelen quedar totalmente sumergidas en marea alta y en otros
permanecen descubiertas en su porción próxima a la arena de la playa, extendiéndose
en forma plana hacia el mar debido a una erosión característica de esta zona.
Las paredes que lo
componen suelen estar fabricadas o levantadas con grandes piedras que forman la
base y los laterales y el interior relleno de grava o cascotes de la misma
playa, aunque hay otros que están hechos totalmente de piedras encajadas.
El nivel que presenta la pared del corral con respecto al agua del mar es
perfectamente igual tanto en la punta del corral como en la parte más
adentrada, de modo que cuando la marea comienza a bajar los peces quedan
sorprendidos y sin posibilidad de escapar por todos los lados a la misma vez.
A lo largo del muro, y
en la base de éste, tiene practicados varios caños o compuertas, que están
cerrados con un zarzo o rejilla fabricado a base de sarmientos, para
dejar salir el agua y retener los peces que penetran en el corral con la subida
de la marea e impedir su salida cuando la mar baja.
La forma de
estos caños es como un túnel que atraviesa el muro del corral. De forma
cuadrada de unos 50 de ancho por otros 50 centímetros de altura, están formadas
por piedras acostadas sobre las que descansa la parte del techo.
La pesca en corrales es
una técnica antiquísima que se ha conservado de generación en generación hasta
nuestros días, y que se práctica sólo en lugares donde la diferencia entre la
pleamar y la bajamar es considerable. Cuando sube la marea se llena el corral
de agua y entran los peces y, al retirarse las aguas con la bajamar, éstos
quedan acorralados.
Cronista Oficial de la Villa de Chipiona


















































